
Querida y dulce Conrada, deseo que estas palabras que te escribo en dedicatoria se revelen con tal fuerza, allá donde te encuentres, que sientas la intensidad del cariño que te mostramos todos los Funcionarios de Prisiones y que tras treinta y tres años, sean como el despertar de un intenso y largo sueño. Una de las consecuencias del paso del tiempo, es que poco a poco se van borrando los detalles de un recuerdo cada vez más lejano. Por eso vamos esculpiendo año tras año tu figura literaria, para que las nuevas generaciones sepan, te recuerden, aprendan y comprendan lo que jamás debió ocurrir. Para que absorban parte de una historia viva dentro de este Cuerpo, para que conozcan el dolor indeleble que arrecia con furia desde aquel instante en la familia, y en todos los días transcurridos desde entonces, anónimos para una sociedad reservada al recuerdo del quehacer diario.

