
Pudiera parecer querido Máximo, por todos estos años en los que me han hablado de ti, que tuviera una opinión especulativa sobre tu persona. Nada mas lejos de la realidad. Conchi ha asumido, durante todo el tiempo que la conozco, esa mezcla tuya de un pasado convertido en un presente continuo. En ocasiones triste, en otras nostálgico y en todas de cariño y fuente de amor. Y bien que esta metáfora habla de una realidad aparente y de otra verdadera, que hace de escudo frente al recelo lacerante por tu ausencia que nadie llega a comprender. Y yo no puedo más que agradecer vehemente la posibilidad que el destino me ha regalado para, a través de ella, llegar a conocerte sin haber estado contigo jamás. Así que me dispongo a iniciar esta carta con la esperanza demasiado intensa por saber escoger las palabras adecuadas. Primero de gratitud y, más tarde de honra.


